Nombre
Territorio
Historia
Etnografía
Lengua
Símbolos
Instituciones
Precedentes
El Cantón (1873)
Siglo XX
Aspectos generales
El proceso autonómico
La cuestión territorial
Nuestra identidad
Reforma del Estatuto
Normalización lingüística
Vertebración del territorio
El problema de los localismos
Economía y Desarrollo
El Arco Mediterráneo
Infraestructuras
Agua
Medio Ambiente
Partidos políticos
Participación ciudadana
Cultura y Sociedad
Documentos de texto
Documentos de audio y video
Hemeroteca
Bibliografía
Descargas
Inicio > Elementos a debate > Nuestra identidad > El simetrismo murcianista
El simetrismo murcianista: objetivo y razones para su valoración

El escaso desarrollo teórico que hasta nuestros días ha tenido el murcianismo político hace que muchas veces, en un acto más voluntarista que riguroso, se dé entrada en él a posiciones que traen un caramelo envenenado. Es lo que llamamos el SIMETRISMO MURCIANISTA.

La delimitación de este concepto es de vital importancia, si tenemos en cuenta que la práctica totalidad de intentos de agrupación, tanto en lo político como en otros ámbitos del murcianismo, ha encontrado en estos caballos de troya el mecanismo más eficaz y eficiente que nadie hubiera podido imaginar a priori. Quienes más han hecho en contra del murcianismo político o de la lengua murciana no han sido sus evidentes enemigos, que estaban enfrente, sino los elementos que, desde dentro, se han convertido en una emulsión vigorosa y muy capaz para dar al traste con tales iniciativas. Han sido siempre el enemigo en casa que el murcianismo político y lingüístico se ha visto incapaz de ver y acotar.

A fin de ser capaces de neutralizar este obstáculo capital, es imprescindible realizar una delimitación clara y estricta del concepto de “simetrismo murcianista”. Para ello, haremos un breve análisis histórico-político del origen y significado de estas posiciones, que nos servirá para reconocer a estos elementos que, una y otra vez, abocan al fracaso todos los proyectos que el murcianismo ha conocido en su corta y accidentada historia. Debemos ser rotundos y enérgicos a la hora de levantar el velo de estos personajes, para que pueda ser observado por todos su verdadero rostro tóxico de ponzoña.

 

Origen del simetrismo murcianista

EL HISPANISMO: CONTEXTO HISTÓRICO DE SU GÉNESIS

La unión de las Coronas de los reinos ibéricos en una sola mano, por encima de las instituciones clásicas del feudalismo, supuso la creación de la primera fórmula estatal de Europa. La construcción de estas nuevas instituciones estatales y del imaginario de lo español, llevada a cabo por unas determinadas clases dirigentes, fue la herramienta que condujo a una preponderancia económica y política en el mundo occidental de todos conocida: el Imperio español.

Sin embargo, el hispanismo, por ser el primero de los imaginarios nacionales creados, no pasó de ser una construcción extremadamente rudimentaria, y pagó el precio de su inevitable inexperiencia, haciendo cierres en falso de numerosos problemas, que aún hoy conforman el catálogo de cuestiones no resueltas con que se encuentra la afirmación de lo español. Este nacionalismo aprendiz no gozó de la perfección con la que luego se construyeron los modernos Estados nacionales, que sí gozaron de las aportaciones del pensamiento ilustrado europeo. Este pensamiento permitió la construcción de un Estado centralizado mucho más eficaz, a diferencia del bisoño Estado español, nacido tras la unión de las Coronas de Castilla y Aragón por el mero pacto de las clases dirigentes de ambos reinos.

Con el declive de ese sistema político que fue dicho protoestado español, posteriormente se optó por la mera imitación del modelo centralizado francés, con los resultados que sabemos. La importación incluso de los monarcas franceses tuvo un éxito bastante mediocre, como demuestra el hecho de que, aún hoy, el famoso Decreto de Nueva Planta de Felipe V siga estando en discusión en las Cortes Generales o no se haya conseguido cerrar la cuestión de la unidad fiscal, jurídico-privada o lingüística del Estado.

No obstante, y aunque podemos afirmar que la aportación del modelo del Estado centralista fue una solución encomiable para conseguir la separación de poderes, la consecución del Estado laico y la participación social en la definición del futuro de los grupos humanos así organizados frente al sistema feudal anterior, también es cierto que, en la actualidad, este modelo centralista está absolutamente superado, puesto que no responde a los retos económicos y sociales de nuestros tiempos. El reto del siglo XXI consiste en dar un paso más: romper con los Estados centralizados y permitir que los grupos humanos participen en todas las decisiones que comprometen su futuro; y para ello tenemos que ir mucho más allá de la entrega de un cheque en blanco a un dirigente cada cuatro años. Una alternativa clara a la superación de estos retos está en la democracia directa, donde las decisiones sean tomadas de abajo hacia arriba.

Las sociedades y los grupos humanos avanzan indefectiblemente en el discurrir de la historia, por mucho que los pensamientos reaccionarios pretendan ver en el anquilosamiento y conservación del modelo anterior su ideal.

EL CATALANISMO POLÍTICO, SIGNO EVIDENTE DE LA INEFICACIA DEL HISPANISMO


Los problemas que, como decimos, dejó sin resolver en su construcción el imaginario hispanista hallan su manifestación más inequívoca en la propia aparición del catalanismo político.

Esta posición contraria a las tesis del hispanismo encuentra su origen en los Decretos de Nueva Planta, normativa que, de manera veleidosa y arbitraria, y por mero deseo político, pretendió eliminar, por decreto, toda la configuración de vida de un pueblo y de un territorio, imponiendo una lengua, unas instituciones jurídicas (herencia, matrimonio, compraventa,…) o un sistema fiscal diferentes de los que les habían sido propios. La historia está plagada de ejemplos que demuestran que este tipo de imposiciones están llamadas al fracaso, por fuerte militarmente que sea quien trate de implantarlas.

EL PENSAMIENTO REACCIONARIO ANTICATALANISTA

La aparición del catalanismo político supuso un auténtico seísmo para los pilares del hispanismo político. La discusión de los postulados de aquél inflamó a toda una suerte de defensores del tradicionalismo a teorizar en su contra, como demuestran las intervenciones parlamentarias de Ortega y Gasset. No entraremos en más detalle, porque no es objeto de este artículo, pero sí diremos que este problema ha llegado a generar intervenciones muy violentas por parte de la reacción. Recordemos en este sentido las palabras del general español José Millán-Astray: «¡Cataluña y el País Vasco, el País Vasco y Cataluña son dos cánceres en el cuerpo de nuestra nación! ¡El fascismo, que es el sanador de España, viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y sana como un frío bisturí!».

Este problema, sin embargo, no es nada novedoso y ya ha sido bien delimitado por algunos analistas, que sitúan de forma clara lo que las posiciones anticatalanistas tienen en su sustrato:

«El anticatalanismo […] es la única expresión ideológica efectivamente “de masas” del españolismo, incapaz de movilizar a la práctica a nadie por sus otras formulaciones (bandera roja y gualda, unidad, etc.»

«El enfrentamiento objetivo entre lo catalán y lo “español” ha sido inevitable, puesto que lo “español” supone en sí mismo la negación de lo catalán».
 
Javier Pulido, escritor andaluz

Además, no debemos olvidar que el hispanismo sólo ha generado a los pueblos, con sus persecuciones de lo islámico y de lo hebreo primero, y de lo catalán y lo vasco después, tres cosas: genocidio, exilio y ruina.

 

Conclusión

Desde los primeros intentos del murcianismo político en el siglo XIX, se han sentando a la mesa con los verdaderos murcianistas personajes recalcitrantes cuyo único objetivo, consciente o no, ha sido la desmovilización del verdadero espíritu murcianista. Sus posicionamientos, a veces sutiles, a veces toscos, siempre han tenido como sustrato un hondo anticatalanismo y antivasquismo, por lo que nos encontramos con una posición netamente hispanista disfrazada de murcianismo. Estas posiciones, además, se presentan, casi siempre, como un murcianismo de cariz más o menos conservador en lo político y banalizador en lo cultural, que se niega siempre a ir más allá de las fronteras de los Juegos Florales en nuestra afirmación identitaria.

Para la definición de los postulados defendidos por estos personajes hemos escogido el término “SIMETRISMO” porque su discurso se ha construido siempre enarbolando una bandera de murcianía que lo único que pretende es ser contrapeso de las posiciones de los nacionalismos periféricos. Es decir, su murcianismo nace como reacción al catalanismo amenazador; un discurso que se cristaliza en «Si tú dices que eres catalán, yo digo que soy murciano», tratando de ese modo de disgregar el antagonismo entre lo catalán y lo español hacia una contradicción puramente particularista. Es la misma estrategia clásica de la reacción ligada a los localismos exarcebados en que se ha apoyado el caciquismo postfeudal español como herramienta de control social y político (también a nivel interno del País Murciano asistimos a estrategias de afirmación localista que siguen este esquema de forma totalmente clara).

El juego simetrista clásico del caciquismo localista consiste en pretender hacer simétricas entidades que tienen una diferente unidad de medida. Si, tal y como hemos visto, a la tesis del hispanismo le surge la antítesis del catalanismo por los errores del primero, lo que tratan de hacer los simetristas es romper esa dialéctica haciéndola descender un escalón al terreno de lo meramente localista.

De esta manera, los simetristas ven en la afirmación murcianista una forma sibilina de hacer españolismo y anticatalanismo menos arriesgada que la de un hispanismo abierto; en esto, el simetrismo murcianista actúa de forma similar al blaverismo valenciano.

Pero no debemos olvidar que estos elementos nunca han sido verdaderos murcianistas, sino españolistas travestidos, y como tales, su labor dentro de las filas del murcianismo ha sido extraordinariamente eficaz, pues ha llevado al fracaso todos y cada uno de los intentos de conformación del murcianismo político y lingüístico.

Por tanto, se hace preciso no caer en el error clásico del murcianismo de dejar la puerta abierta a estos simetristas, defensores del hispanismo más rancio. La experiencia nos demuestra que se convertirán en un lastre disgregador que, en todas las ocasiones anteriores, ha resultado insuperable.

¿Murcianista anticatalanista? Esta conjunción resulta imposible, porque el murcianismo político es esencialmente confederalista, y el anticatalanismo esencial al hispanismo.

 

www.jarique.com
Resolución mínima 800x600 en IE5.0 y NS6.0 © Copyright 2005 Asociación Jarique
Actualización: 12/04/2009